por Al Berto*
a contínua escuridão torna-se claridade
iridescência lume
que incendeia o coração daquele cujo ofício
é escrever e olhar o mundo a partir da treva
humildemente
foi este o trabalho que te predestinaram
viver e morrer
nesse simulacro de inferno
meu deus!
tinha de escolher a melhor maneira de arder
até que de mim nada restasse senão um osso
e meia dúzia de sílabas sujas
calcinadas
*Alberto Raposo Pidwell Tavares, (Coímbra, 11 de enero de 1948 — Lisboa, 13 de junio de 1997), que adoptó el seudónimo de Al Berto, fue un poeta y editor portugués.
lápida
la continua oscuridad se torna clara
iridiscencia lumbre
que incendia el corazón de aquel cuyo oficio
es escribir y mirar el mundo a partir de la penumbra
humildemente
fue este el trabajo que te predestinaron
vivir y morir
en ese simulacro de infierno
¡Dios mío!
tenía que escoger la mejor manera de arder
hasta que de mí no quedara sino un hueso
y media docena de sílabas sucias
calcinadas
La traducción rudimentaria es mía. Le debo a Mario Bojórquez las primeras noticias sobre la imponete figura de Al Berto, una verdadera revelación de la poesía en lengua portuguesa.
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"Nunca conheci quem tivesse levado porrada. Todos os meus conhecidos têm sido campeões em tudo." Alvaro de Campos
viernes, 18 de mayo de 2012
lápide
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jueves, 26 de abril de 2012
LA BICICLETA
por Sergio Cordero
a Minerva Villarreal
La bicicleta
lanza su sombra al pavimento
–interminable cinta–
como sólo ella sabe.
La sombra crece, se estira allá, muy lejos,
y alcanza la otra orilla;
luego viene y me cuenta
o, si no,
desaparece, se pierde en un suspiro
y otra surge despacio
para cubrir la ausencia
de la sombra que somos mi bicicleta y yo.
Continúo pedaleando, ruedo vertiginoso,
me trago el pavimento de esta noche;
luego miro el reloj: la una y quince.
Me hundo lentamente por el paso a desnivel,
desaparezco apenas,
pero vuelvo a surgir del lado opuesto
como si así espantara a una parvada de pájaros chillones
y el mar, atrás, me fuera persiguiendo.
Finalmente, cansado, adolorido,
me detengo a las puertas de la casa
dejo la bicicleta en la cochera;
reclino sus manubrios pensativos
–el niquelado brillo de su acero–
y mi propio cansancio de cara a la pared.
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domingo, 22 de abril de 2012
martes, 17 de abril de 2012
MISSING!!!
MISSING!!! by Secretly Robots
lunes, 16 de abril de 2012
Nuevos motivos por los que los poetas mienten
por Hans Magnus Enzensberger
Porque el instante
en que la palabra feliz
se pronuncia
no es nunca el instante de la felicidad.
Porque los labios del sediento
no hablan de sed.
Porque por boca de la clase obrera
nunca oiréis la palabra clase obrera.
Porque el desesperado
no tiene ganas de decir
«estoy desesperado».
Porque orgasmo y Orgasmo
son incompatibles.
Porque el moribundo, en lugar de decir,
«me estoy muriendo»
no emite más que un ruido sordo
que nos resulta incomprensible.
Porque los vivos
son los que rompen el tímpano de los muertos
con sus terribles noticias.
Porque las palabras acuden siempre demasiado tarde
o demasiado pronto.
Porque de hecho es otro,
siempre otro,
el que habla,
y porque aquél de quien se habla
calla.
Tomado de El hundimiento del Titanic
Traducido por Heberto Padilla con la colaboración de Hans Magnus Enzensberger y Michael Faber–Kaiser
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miércoles, 4 de abril de 2012
THE CATS WILL KNOW
Le Roi des chats. Balthus
por Cesare Pavese
Aún caerá la lluvia
sobre tus dulces empedrados,
una lluvia ligera
como un aliento o un paso.
Aún la brisa y el alba
florecerán ligeras
como bajo tu paso,
cuando tú vuelvas.
Entre alféizares y flores
los gatos lo sabrán.
Llegarán otros días,
llegarán otras voces.
Sonreirás a solas.
Los gatos lo sabrán.
Oirás palabras antiguas,
palabras huecas, cansadas,
como trajes arrumbados
de las fiestas de ayer.
También gesticularás,
responderás palabras
—rostro de primavera,
también gesticularás.
Los gatos lo sabrán,
rostro de primavera.
Y la lluvia ligera,
el alba color de jacinto
que rasgan el corazón
de quien más ya no espera,
son la sonrisa triste
con que sonríes a solas.
Llegarán otros días,
otras voces y despertares.
Sufriremos en el alba,
rostro de primavera.
1950
traducción de GUILLERMO FERNÁNDEZ
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lunes, 26 de marzo de 2012
Para los que llegan a las fiestas...
Se sabe que un buen poema no necesita ser explicado, sin embargo no nos resistimos en conocer algo de la historia que motiva ese prodigio, ese asomarse tras bambalinas. Los demonios y los días, una de las cumbres de nuestra lírica, contiene uno de los poemas más poderosos jamás escritos: “Para los que llegan a las fiestas...”. Acá lo presentamos además de un fragmento de De otro modo el hombre. Retrato hablado de Rubén Bonifaz Nuño, un interesante documento realizado por Josefina Estrada, donde la voz del poeta fluye revelando con sincera emoción las motivaciones de las que se desprende su poesía.
por Rubén Bonifaz Nuño
Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;
para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;
para los que fueron invitados
una vez; aquéllos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta
ya mucho después de entrados todos
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;
para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;
para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia,
porque no serán consolados
los que no tendrán, los que no pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.
Los demonios y los días, 1956
En ese tiempo yo era muy amigo de Manuel Scorza, poeta y novelista peruano. Hombre de maravilloso ingenio, que tiene bellezas incomparables en sus novelas. Murió en un accidente aéreo. Nos juntábamos en la Facultad y nos íbamos caminando por Insurgentes hasta Ciudad de los Deportes donde él vivía y luego de regreso. Empleábamos el tiempo en hablar de cosas del mundo que, en último término, para nosotros eran cosas de poesía. Muchos años después publicó Los desengaños del mago y me lo dedicó -con dedicatoria impresa- y dice: "Para Rubén Bonifaz Nuño en recuerdo de los desiertos en que cabalgamos juntos, allá lejos". Porque lo que hacíamos era como una verdadera aventura, como andar en el desierto, buscando nada absolutamente. Afortunadamente, los dos conocíamos la salida del desierto.
Él estaba haciendo un libro que se llama Las imprecaciones, y decía que la poesía subjetiva no valía nada. Y él entendía la poesía social como política. Yo no podía estar de acuerdo; la política siempre es igual, en último término. Es la explotación de los pobres. Y en cualquier poema es la protesta de los pobres contra los ricos que lo están explotando. Para mí, eso no era suficiente para ser tema de poesía. Hacer poesía es como tomar fotografías en determinados instantes. Pensé cuál era la situación de la sociedad mexicana, del hombre mediocre -como era yo-, qué aspiraba, qué pensaba ... Y la poesía que yo hiciera -sin hablar de los ricos o de los pobres- tendría que ser poesía social. En Los demonios y los días, inclusive los poemas amorosos, tienen un fondo de esa poesía. Del hombre pobre que está escribiendo para hombres como él.
Te he contado que alguna vez me invitaron a decir versos en una cantina, una cantina de verdad. Me habían puesto una mesa especial con mi libro para que leyera, y de repente alguien que estaba en la barra me dijo:
-¿Para qué está leyendo versos aquí? -y dijo esta expresión maravillosa que me lo sigue pareciendo-: "Porque la poesía se oye más que el ruido".
Ésa es una expresión que podría escribirse con letras de oro.
Después expliqué:
-Es que en las cantinas, cuando ya está uno borracho, dice verdaderamente los versos que le parecen buenos y los dice de memoria. De tal manera que me siento un poco al revés: yo estoy diciendo poemas, en mi juicio, a ustedes que están borrachos. Y lo bueno sería que uno de ustedes, borracho, me dijera mis poemas; entonces se paró un muchacho y me dijo, medio tartamudo, uno de los poemas de Los demonios y los días, precisamente, aquel que empieza: "Para los que llegan a las fiestas ávidos de tiernas compañías ... " Ese poema me lo dijo completo. Y me conmovió mucho. Este muchacho que había nacido treinta años después de mí, estaba sintiendo lo mismo que yo sentía treinta años antes: esa miseria de congojas y de inutilidad en el mundo. Esa fue para mí una experiencia tal vez, de las que recuerdo con más gusto.
Cada una de las cosas escritas ahí, hablan de una experiencia. Te vaya decir una en concreto: la de la cita. Vino Stokowski a México a dar un concierto, y una muchacha que era influyente fue invitada por un político a oír el concierto en un palco de Bellas Artes, y a Ricardo Garibay ya mí nos invitó. Fui a mi casa y me cambié de ropa. Me puse un traje negro, viejo y feo; pero de cualquier manera, era mi traje negro. Y cuando llegué, dijo el político que yo no podía entrar. Entró Garibay con los demás y yo me quedé afuera. Y me regresé a mi casa, a tratar de oír por radio el concierto. ¿Ves como estoy hablando de una experiencia concreta, mía? Y todo lo que está en Los demonios y los días está basado en experiencias mías. Con el sentido comprensible para todos los de mi clase social -o mi clase espiritual- lo que yo consideraba valioso. Lo que debía ser el origen del combate del hombre para ser el mejor. Ese libro se publicó en 1956. Se hicieron 600 ejemplares que tardaron diez años en agotarse.
Y Manuel Scorza, una vez leyendo uno de los poemas en voz alta, le dijo a Fausto Vega, que estaba con nosotros:
-Oye, esto, en último término, es también poesía social.
Estrada, Josefina. De otro modo el hombre. Retrato hablado de Rubén Bonifaz Nuño. México: El Colegio Nacional, 2008, pp. 93-95.
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miércoles, 7 de marzo de 2012
CANCIÓN DE AMOR A BLANCANIEVES
por Yamil Díaz Gómez
Porque no tengo rostro no fue otra mi historia,
y ya no será otra que este hueco en el alma.
¿A quién puede importarle
que el espejo se mire en otro espejo,
disimulándole la soledad?
Yo –que no tengo rostro–,
yo
–que no tuve padres,
ni siquiera
la madrastra envidiosa de los cuentos–
vine a gritar tu belleza,
a comerme si puedo tu fruta envenenada,
y así al final de la leyenda serás feliz con otro.
Si me enseñaras a mentir,
si frente a mí sembraras un almendro,
y así mi rostro fuera un nido:
un sitio más donde tu luz se pose.
(Perdóname, princesa:
también las esperanzas se miran al espejo;
alguien me ha puesto dentro esta esperanza.)
Porque no tengo rostro no han venido a cerrarme
los labios.
Pero, ¿quién va a cambiar mi historia?,
si el príncipe también acudirá a la cita,
si estoy tan solo que pudiera escucharse mi tristeza,
y a siete enanos les arde un arcoiris,
y tú no sabrás nunca
que cuando nadie crea en príncipes azules
quedará un solo espejo
donde siempre serás la más hermosa.
Yo, que no tengo rostro
y los pido prestados
para poder llorar.
Tomado del libro FOTÓGRAFO EN POSGUERRA
Porque no tengo rostro no fue otra mi historia,
y ya no será otra que este hueco en el alma.
¿A quién puede importarle
que el espejo se mire en otro espejo,
disimulándole la soledad?
Yo –que no tengo rostro–,
yo
–que no tuve padres,
ni siquiera
la madrastra envidiosa de los cuentos–
vine a gritar tu belleza,
a comerme si puedo tu fruta envenenada,
y así al final de la leyenda serás feliz con otro.
Si me enseñaras a mentir,
si frente a mí sembraras un almendro,
y así mi rostro fuera un nido:
un sitio más donde tu luz se pose.
(Perdóname, princesa:
también las esperanzas se miran al espejo;
alguien me ha puesto dentro esta esperanza.)
Porque no tengo rostro no han venido a cerrarme
los labios.
Pero, ¿quién va a cambiar mi historia?,
si el príncipe también acudirá a la cita,
si estoy tan solo que pudiera escucharse mi tristeza,
y a siete enanos les arde un arcoiris,
y tú no sabrás nunca
que cuando nadie crea en príncipes azules
quedará un solo espejo
donde siempre serás la más hermosa.
Yo, que no tengo rostro
y los pido prestados
para poder llorar.
Tomado del libro FOTÓGRAFO EN POSGUERRA
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viernes, 2 de marzo de 2012
Una más en La Estantería, reseñario de poesía
Los invito a leer mi reseña sobre Simulacro de sortilegios, antología poética del poeta Emilio Adolfo Westphalen, en el blog de crítica de poesía La Estantería.
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jueves, 23 de febrero de 2012
Presentación de Vientos del siglo, poetas mexicanos 1950-1982, en la FIL de Minería
Sábado 3 de marzo, 12 hrs.
Salón de la Academia de Ingeniería (Tacuba 5, Centro Histórico)
Antología de Margarito Cuéllar, Mario Meléndez, Luis Jorge Boone y Mijail Lamas
Colección Poemas y ensayos
PARTICIPAN:
Marco Antonio Campos, Margarito Cuéllar y Mijail Lamas
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